La ermita de Nuestra Señora de la Merced (vulgo San Albín) se encuentra en las afueras del casco urbano y próxima a la carretera de Zamora. Es de tradición y tal vez un poco de leyenda que en este lugar sagrado pasaban la noche en oración y penitencia ante la Vírgen los condenados a muerte por los motivos de otrora.
Parece ser que en otros tiempos se alzaba en el pago llamado Las Carbas y por las razones que fueren se trasladó en fecha ignorada al emplazamiento actual. Es de pequeñas dimensiones, de aspecto pobre y de factura antiquísima, como lo prueba su forma y el aspecto que ofrece al visitante tanto exterior como interior. Sus muros son de mampuesto, lo que hace dudar acerca de ese posible traslado.
La ermita de La Soledad, adosada al camposanto, extramuros, se encuentra junto a la carretera de la Barca de Múrcena (frontera) y a unos 800 metros de la villa. Se construyó en el siglo XIII destacando la puerta del lado de la capilla mayor que da acceso al cementerio y que cuenta con modillones a los extremos de su dintel y cabezas humanas esculpidas en ellos. Dentro hay una Vírgen sentada, con corona y velo, teniendo en su regazo al Niño, vestido con túnica, rota su cabeza y un brazo. Es de piedra, en tamaño natural; toda encalada. Datará de finales del siglo XIII o del XIV. Crucifijo de altar, pequeño; fines del XVI; muy bueno, pero destrozado.
Guarda en su interior la imagen yacente de Cristo (Nuestro Señor de la Urna), joya artística del siglo XVII que tiene articuladas las extremidades para hacer posible la crucifixión y descendimiento.
Ya fuera, y junto a la puerta principal, encontramos una gran cruz de piedra con amplio basamento y escalinata que parece acoger a cuantos descansan bajo su amparo el sueño de los justos.
La ermita del Humilladero o del Santo Cristo, situada entre la Hospedería e iglesia de San Juan y La Soledad y junto al camino por donde llegarían los peregrinos que se dirigían a Santiago, debió construirse allá por el siglo XIII, pero los avatares del tiempo han hecho que queden en pie poco más que sus cimientos. En ella se veneró hasta los primeros años de esta centuria el Cristo que le dio nombre (de Balaguer para algunos), pero ante el estado de destrucción y amenaza del edificio se trasladó al Convento.
La iglesia de Santa Colomba lleva el nombre de la populosa barriada en la que se encuentra situada; es de pequeñas dimensiones y su valor artístico es muy escaso. En ella recibe culto el Cristo del Humilladero, que hoy se conoce con el sobrenombre de Bendito Cristo de Santa Colomba y que fue trasladado en el año 1913 por iniciativa del sacerdote fermosellano don Juan Seisdedos, quien reformó la ermita con su pecunio particular tras el regreso de México; este mismo sacerdote sufragó los gastos del nuevo retablo del altar mayor del primer templo llevando para Santa Colomba el retablo sustituido.

La talla en madera del Cristo es puramente románica, posiblemente del siglo XIII. Es sin duda alguna, el tesoro artístico de más valía que tiene la villa, compartiendo con la patrona el corazón y la devoción de sus hijos. Es una imagen que, a diferencia de la Vírgen, no sale de la iglesia, aunque en épocas pasadas salía procesionalmente en momentos de extrema sequedad. Excepcionalmente y con oposición fue llevado a Zamora con motivo de una exposición artística.
En esta iglesia se conserva un crucifijo románico de cerca de dos metros; su figura es muy esbelta y correcta de rostro y anatomía. Su cuerpo está muy ladeado y como retorcido.
Las imágenes que reciben culto en este templo son: Santa Bárbara, Santa Lucía (siglo XVIII), dos Cristos (siglos XIII y XVI), Corazón de Jesús, San José y el Niño (siglo XVII), San Norberto, San Buenaventura y la Vírgen de Lourdes.
La ermita del Santo Cristo del Pino (vulgo Santa Cruz) ha sido objeto de amplio estudio en otro apartado, por l
o que solamente nos limitaremos a reflejar que en el dintel de la puerta de la ermita existe una inscripción gótica del siglo XV que dice: «Por la señal de la Santa Cruz líbranos de nuestros enemigos». En sus jambas derecha e izquierda están talladas las armas de los reinos de Castilla y León y de Portugal. Existen también varias cruces en bajorrelieve repartidas por los muros. Las imágenes que cuenta esta antiquísima ermita son: Cristo del Pino, San Juan, La Dolorosa y San Francisco.
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