Fermoselle saca pecho
21/06/2006
Abel Nieto y Consuelo Guerra pasan, como cada verano, el estío en Fermoselle. Pero en los últimos días con un protagonismo desconocido porque cada dos por tres algún vecino llama a la puerta de su casa. Todos quieren felicitarles por el nombramiento de su hijo, Aníbal Nieto Guerra, como obispo de Guayaquil (Ecuador), una ciudad que ronda los cuatro millones de habitantes. Abel Nieto, de 86 años, nació en el pueblo próximo de Formariz; y Consuelo, de 84, es natural de la villa fermosellana. La juventud y los bailes les ligó «a los 17 ó 18 años», y hasta hoy. «Una vez y otra íbamos al baile y así fue el lío. Abel era guapillo. Como no había bicicleta venía andando. Le salió cara la novia», cuenta Consuelo Guerra, que termina su exposición con la alegría del que gana un trofeo. «Llegaba a casa a las dos o a las tres de la mañana y, tras dormir un poco, me levantaba para ir a arar» cuenta Abel Nieto. Y es que la infancia de los padres del futuro obispo fue dura y trabajosa. Formariz -una dehesa comprada por los vecinos en 1912 por 263.330 pesetas- era un pueblo más ganadero, y Abel campeó con ovejas y vacas cuanto quiso y más. Fermoselle era una villa del arribanzo del Duero más agrícola, con el viñedo y la horticultura como principales activos. Consuelo Guerra conoció, además, la vida de los jornaleros desplazados a tierras salmantinas para segar las mieses. «De catorce años fui con las cuadrillas y mi labor consistía en atar manojos. Comíamos bajo 40º unos garbanzos mal hechos», afirma Guerra. Tanto en uno como en otro asiento pintaba un negro porvenir y eligieron, como tantos, la emigración. El matrimonio encarriló su destino en el industrial Avilés. En la empresa siderúrgica de Ensidesa encontró el puesto. Una placa, donada por los compañeros al jubilarse, inmortaliza su paso por una empresa que llegó a contar 22.000 trabajadores. «Cuando nos trasladamos en tren a Avilés a Aníbal le llevé en el regazo para que no pagara el billete», comenta Consuelo Guerra, que, aunque la voz cantante la lleva Abel, mete baza en todo momento. «Era buen chaval -expresa el padre-. Era bueno desde pequeñín. (Se emociona y se le enaguan los ojos). Con ocho o nueve años si llevaba algún dinero lo daba y se quedaba sin él. Iba a misa y, si veía gitanos o pordioseros, quedaba sin nada». Abel echa mano a una fotografía donde aparecen hechos y derechos los hermanos Aníbal y Abel Nieto, con el padre en el centro. «El padre es tan joven como ellos» piropea Consuelo al marido, que no puede evitar que la mujer esté a todas. Abel Nieto vuelve a su mocedad y destaca que «me tocó ir a la guerra, al frente de Madrid; y luego con el batallón a Asturias, donde había mucha gente huida por las montañas porque tenía miedo de entregarse. En Asturias estuve con un teniente de Fornillos de Fermoselle llamado Máximo Carbajo. Fueron seis u ocho meses y pasamos mucho frío y mucha hambre». Nieto señala que «recibimos el nombramiento de Obispo con alegría porque es joven, y con tantos como hay, que le hayan elegido será por algo. En Guayaquil le quieren mucho. Una señora nos dijo que no nos podíamos dar una idea: estuvieron tocando las campanas de Guayaquil más de una hora». También habló con el provincial de los Carmelitas. «¿Pero bueno, esto del nombramiento lo ordena usted o quién?, le pregunté. Lo hice porque qué sé yo de estas cosas. Y me dijo: no, hombre, cómo lo voy hacer yo. Es algo del Papa». Abel Nieto asistirá el día 22 de julio a Guayaquil al acto de investidura. Consuelo Guerra, sin embargo, por su estado de salud deberá quedarse tranquilamente en Fermoselle. Es un viaje que aterroriza al octogenario Abel. «Una hija y otros dos nietos de Asturias irán conmigo. -Nunca ha viajado en avión, tercia Consuelo-. Déjate a ver si vuelvo. Es un viaje... El hijo quería que no fuera porque allí son muchos grados. Iremos unos días antes y estaremos ocho o diez». Al hablar de las visitas de Aníbal Nieto a Fermoselle afirman que «antes venía cada tres años, en agosto, pero desde que estamos un poco mayores le dejan venir todos los años. No es mucho de fiestas pero vamos a ver los rejones. Este año tenía el viaje para el día 3 de agosto. Ahora, con lo ocurrido, vendrá un poco más tarde porque tendrá que ir a Burgos y... No tiene tiempo de nada. Le llaman de todos los lugares». - Nos hemos quedado sin hijo, salta Consuelo. - Ya estábamos igual. Qué más te da, responde Abel. El padre alude a la amistad del futuro obispo con el que fuera jugador del Barcelona Enrique Castro Quini. Pero es su sobresaliente comportamiento humanitario en Guayaquil su gran huella. «Papá, me dijo un día, hay mucho pobre y mucho rico, pero yo si los ricos no dan no puedo dar. Cuando dispone de sacos de arroz, azúcar y otros productos lo reparte en cestas entre los necesitados. Algunas noches van a llamarlo algunas mujeres porque las pegan los maridos. ¿Pero dónde vas tú, que te van a dar un cacharrazo?, le digo. Son cosas que pasan», prosigue Nieto, siempre con una voz muy serena. La difícil vida de Ecuador es remarcada por la chica que les atiende, Esther, natural de Quito. «Allí el que es pobre es pobre; y el que es rico es muy rico» afirma. En Guayaquil la labor humanitaria de Aníbal Nieto -que el domingo irá a Roma- alcanza todo su sentido. Basta ver las páginas de sus periódicos. A diario difunden asesinatos y clamores de pobres Un casa con bodega típicamente fermosellana Angel Nieto y Consuelo Guerra habitan en una casa típicamente fermosellana, emplazada en pleno casco histórico y en la calle más típica y transitada de la villa. Es espaciosa y desde su balconada puede verse con amplitud el paisaje que ofrece y distingue el arribanzo del Duero: sus bancales y las aplacadas aguas del río Duero hispanoluso. En primer término el complejo de la Cooperativa "Virgen de la Bandera". Abel Nieto sigue cosechando uvas y elaborando vino, últimamente con el concurso de otro vecino. «Es como entretenimiento». En el subsuelo de la vivienda, a una chocante profundidad, la casa cuenta con una admirable bodega ricamente poblada de botellas de vino de su propia cosecha, y una serie de cubas todavía operativas. En el centro una mesa para disfrutar de meriendas si llega el caso. «Aníbal sólo bebe un poco de vino en la comida» manifiesta el fermosellano. Es una bodega excavada a golpe de maza en el granito. «Tendrá lo menos doscientos años», apunta Nieto. También llaman la atención las rectas y gruesas vigas de madera que ofrece la casa en uno y otro techo de cualquier planta. Abel y Consuelo guardan muy diferentes fotos de la familia. En ellas puede verse la evolución histórica del futuro obispo. Salen a relucir las almejas de río que han aparecido por cientos de millares en el río Tormes. «¡A Abel le encantan las almejas!», dice Consuelo. «Pues se lo tengo que decir a un vecino», expresa Abel, que tuvo la pesca -no la caza- entre sus aficiones.
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