Vamos a detallar 7 rutas de senderismo:
Las fuentes han estado integradas desde tiempos ancestrales en la vida de nuestros antepasados. Por tanto, son un testimonio vivo del modo de vida y costumbres.
Aunque es más numerosa la representación de las fuentes existentes, el recorrido elegido consta de cuatro. Son fuentes, en general, de hermosa cantería, con bóveda de cañón y escalera cuyos peldaños desaparecen tras el agua cristalina.
El camino nos irá descubriendo las fuentes conocidas como «La Noria», «María Abril», «Valle las Huertas» y «El Palomar», esta última de estructura más simple indicativa de su antigüedad.
En el trayecto, ocultos algunos entre olivos, encontramos los tradicionales huertos. Los más típicos todavía conservan su distribución característica, con el pozo suministrador del agua y el cigüeñal empleado para extraerla.
Otro atractivo de esta ruta se encuentra en realizar parte del recorrido por el que transcurrían los encierros taurinos en las fiestas veraniegas en honor a San Agustín. Trayecto que nos conducirá, pasando por la Ermita de San Albín, hasta las fuentes de «Valle Las Huertas» y «El Palomar».
La Ruta transcurre por el camino de los molinos, denominado así por la existencia de estas construcciones, hoy derruidas, a lo largo del arroyo que discurre en paralelo a la senda durante el primer tramo.
El senderista accede, inicialmente, a través de una vía sinuosa. Vía que de un modo descendente nos llevará hasta una zona donde el sendero pierde su continuidad natural, ganada en gran parte por la vegetación de monte bajo que se ha desarrollado.
Antes, el recorrido nos sorprende con formaciones vegetales interesantes como la hiedra, abundante en la primera parte de la ruta, y los helechos de las zonas umbrías.
Asimismo, en el descenso queda también constancia del método ancestral de cultivo de la zona, representado en los bancales como soporte para los olivos y las viñas que salpican el descenso.
Otra particularidad a destacar, cuando ha transcurrido aproximadamente un tercio del camino, es la roca conocida como «La Cara», labrada por los agentes geológicos a semejanza del perfil de una cara, emulando solitariamente a las cabezas de la Isla de Pascua.
Aunque son múltiples los motivos para realizar la ruta, quizá el más impresionante para el recién llegado sea la visión del Duero, encajado en su cuenca. Las vertiginosas vistas que se pueden encontrar a lo largo de su recorrido dan muestra del tiempo transcurrido para modelar tal paisaje y ofrecen un lugar idóneo para recrear la vista y llevarse un recuerdo fotográfico inmejorable. El resto de detales destacables, que son muchos, quedan a juicio del senderista.
La calle que da inicio a la ruta se precipita en un continuo descenso. A lo lejos se contempla el País vecino, Portugal, como un espejo reflejando las laderas al otro lado del Duero.
Los paredones, cuyas piedras se encuentran ocultas tras la vegetación que las ha ido tapizando, nos trasladan rápidamente al entorno natural que nos rodea.
Pronto un cartel nos indica las dos bifurcaciones que podemos seguir: El «Camino del Ordial» o el «Camino del Penao».

La carretera C-525, con dirección a Salamanca, da inicio a un camino a la salida de la Villa que nos conducirá hasta uno de los lugares más emblemáticos de la zona: «El Buraco del Diablo».
Unido a los frecuentes cultivos aambos lados del camino, podemos encontrar las famosas chozas o casitas campestres, construidas con piedras de granito que hoy en día se emplean como refugio contra la meteorología adversa.
Siguiendo las balizas indicadoras llegaremos hasta la bifurcación, cuyos caminos nos conducirán a la cueva y a la cascada respectivamente. El «Buraco del Diablo» situado en la zona denominada «Cordero», pertenece al paisaje de los Arribes del Tormes. Es una gruta aiberta entre formaciones graníticas, de difícil acceso hasta un entrada inicial. Consta de tres niveles, cada uno más profundo que el anterior, aunque ahí no concluye la cueva. Dentro vive una población, cada vez más escasa de murciélagos.
Dice la leyenda que existía un túnel que unía dicho habitáculo por debajo del Tormes con tierras salmantinas.
En cuanto a la cascada, como su nombre indica, corresponde al final del curso de un riachuelo que se precipita al vacío desde una altura considerable. Sin duda, la época idónea para observarla corresponde a aquella en que se producen mayores precipitaciones.
Se inicia en el camino conocido como «La Llana» en la parte alta de la Villa. Debido a su extensión y características se ha señalizado para realizarla en bici de montaña, sin descartar otras posibilidades como el trayecto a pie.
Una vez iniciado el recorrido, el primer punto destacabl
e es la fuente conocida como «El Chinal», así como la impresión de que nos alejamos continuamente del paisaje típico de los Arribes para adentrarnos en la penillanura. Entre viñedos, y observando al fondo tierras salmantinas, las subidas y bajadas del camino van probando la destreza del ciclista.
Antes de llegar a la visión del embalse de almendra, habremos dejado atrás un pequeño pinar, representación de lo que debió ser una extensión mayor en el pasado, y algunas zonas que invitan a poner pie a tierra y descansar contemplando lugares que han variado muy poco con el paso de los años.
Finalizando el trayecto se presenta ante nosotros la gran masa de agua del embalse, lugar idóneo para la práctica de deportes acuáticos y pesca.
La carretera C-525 a Salamanca, nos conducirá hacia el primer punto de parada, conocido como la «Fuente de San Lorenzo», oculta bajo la carretera y visible únicamente gracias a un pequeño canal de agua que vierte al exterior. A pocos metros de la fuente, nos hallaremos ante una Cruz de Hierro levantada sobre una base de granito. La cruz reivindica la historia de D. Manuel González, médico de un pueblo salmantino cercano, que tenía novia en Fermoselle. Las visitas a caballo de D. Manuel todos los sábados, concluían los domingos por la noche cuando regresaba a su pueblo, Villarino. Tras una riña con los mozos del pueblo, fue interceptado cuando regresaba y cosido a puñaladas. Meses más tarde apareció la cruz, en el lugar del crimen, presentando grabadas tantas marcas como puñaladas supuestamente recibió la víctima. Además, una inscripción reza: «Aquí fue asesinado Don Manuel González, cirujano, por mano de traidores - 18 TBRE 1848».
Continuando el camino observaremos como el orégano, el tomillo, enebros y una larga lista de especies cubren el descenso hacia el Tormes.
Una vez en la cicutina podremos disfrutar de una pequeña playa adecuada para el baño, así como un merendero y numerosos lugares para disfrutar de un hermoso día de campo junto al Tormes.
INICIO: Ctra. a Portugal (Za-323)
DURACIÓN: 15 minutos en coche
DIFICULTAD: Baja
VISTAS: Ermita de Santa Cruz, Cachón de Peñavela, Las dos Aguas,...
Caminando hacia el Oeste, a través de la carretera que nos llevará a la frontera con Portugal, encontraremos el lugar conocido como «Las dos Aguas», así denominado por ser el punto de unión del Tormes y el Duero, justo por debajo del embalse Portugués de Bemposta. El paisaje, de enorme riqueza ecológica, nos regala un «Bosque Galería» donde predominan alisos, fresnos y chopos, junto a ruinas de molinos que en otro tiem
po se sirvieron de estas aguas.
Las laderas, iluminadas por losrayos del sol, permiten contemplar los almendros, cornicabras y escobas que ofrecen una visión espléndida en su época de floración.
Existen diversas pistas y caminos para acceder desde el embalse hasta el lugar en que el Duero recoge las aguas del Tormes.
A pesar de lo espectacular de este tramo final de la ruta, no se debe pasar por alto una serie de lugares que proporciona el trayecto desde su inicio en la Villa. Así, apenas hemos abandonado la población y sobrepasado el cementerio, un camino a la derecha nos conducirá a la Ermita de Santa Cruz, hermoso balcón al Duero.
No menos impresionante y de parada obligatoria, es el lugar conocido como «El Cachón de Peñavela», falla situada a unos 300 m. de la carretera, desde donde se observa una enorme caída vertical hacia el Duero. Incluso si las lluvias han sido abundantes podrá contemplarse una cascada que se pierde entre la enorme cantidad de maleza.
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